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¿Cómo la arquitectura sustentable puede reconstruir el sentido de comunidad?

  • Foto del escritor: Luis Hernández
    Luis Hernández
  • 14 jul
  • 3 min de lectura

Una reflexión sobre la transformación del Cuarto Espacio, el desafío de la alta densidad energética y la necesidad de una inversión sustentable en las ciudades de México.


Guadalajara, Jalisco.
Guadalajara, Jalisco.

En el panel “From the third to the fourth space: How design and immersion can rebuild community” del Urban Land Institute (ULI) en CDMX se habló sobre el declive de los

espacios públicos tradicionales y la emergencia de un "Cuarto Espacio"


Panel ULI “From the third to the fourth space: How design and immersion can rebuild community”
Panel ULI “From the third to the fourth space: How design and immersion can rebuild community”

Este concepto evoluciona el clásico esquema sociológico de Ray Oldenburg, quien dividía la vida cotidiana en el hogar (primer lugar), el trabajo (segundo lugar) y las plazas o cafés (tercer lugar), para proponer entornos donde el diseño, la tecnología y la interacción sensorial expanden la experiencia colectiva más allá de un sitio físico fijo.


Oldenburg, R. (1999). The great good place: Cafés, coffee shops, bookstores, bars, hair salons, and other hangouts at the heart of a community. Marlowe & Company. 


¿Qué sucede cuando los espacios que antes sostenían la vida social cotidiana comienzan a desaparecer? 


Esta conversación examina la disminución de los “terceros espacios” tradicionales y explora la aparición de un Cuarto Espacio, donde el diseño, la tecnología y la inmersión se configuran no necesariamente para la conexión. A través de ámbitos como la vivienda, el comercio, el espacio público y la infraestructura cívica, la sesión reflexiona sobre cómo los entornos relacionales y orientados a la comunidad pueden responder a la desigualdad, la privacidad y la evolución de la vida urbana en ciudades como las de México.

En este blog, discutiremos cómo arquitectos, desarrolladores e instituciones pueden crear espacios inmersivos que fomenten el sentido de pertenencia, el diálogo y futuros urbanos compartidos. La pregunta ahora es: ¿Cómo la arquitectura puede fomentar comunidad?


Para responderla desde la perspectiva de Eosis, debemos profundizar en tres ejes críticos que conectan este diseño relacional con la viabilidad energética de nuestras ciudades:


1. La paradoja de la Utopía y la Alta Densidad Energética

Los espacios de encuentro contemporáneos que están logrando un verdadero impacto social en México, como el proyecto Utopía en Iztapalapa, demuestran que la inmersión (a través de cines inmersivos o acuarios digitales) funciona como una poderosa infraestructura de cohesión social. Sin embargo, desde el punto de vista técnico, enfrentamos un reto latente: este tipo de espacios entre más se pongan de moda, más van a demandar energía eléctrica, generando una muy alta densidad energética.


El despliegue de servidores, pantallas de gran formato y sistemas de control climático continuo no es ambientalmente neutro. Si queremos que estos entornos se multipliquen sin agravar la crisis climática, la arquitectura debe resolver cómo generar estos espacios de forma sustentable, integrando tecnologías eficientes que minimicen el consumo operativo desde la concepción del proyecto.


2. Hacia una Inversión Sustentable en el Espacio Público

Para responder a cómo la arquitectura fomenta comunidad, la respuesta no puede limitarse al despliegue tecnológico; debe basarse en la viabilidad económica y ambiental a largo plazo. El llamado a la acción para desarrolladores y gobiernos es claro: los espacios inmersivos y relacionales son indispensables para sanar nuestras ciudades, pero debemos asegurar una inversión sustentable.


Esto significa diseñar bajo principios de optimización pasiva (aprovechando las condiciones climáticas locales, la ventilación natural y la iluminación natural para reducir la carga de los sistemas artificiales) y seleccionar materiales de bajo impacto. Al reducir los costos de operación energética, garantizamos que el espacio público sea resiliente, financieramente viable y verdaderamente duradero para la comunidad que lo habita.


3. El Diseño Relacional como mitigador de la desigualdad urbana

La arquitectura fomenta comunidad cuando deja de pensarse como un contenedor estático o un dispositivo de mero consumo mercantil y se transforma en una herramienta de equidad territorial. En ciudades fragmentadas como las de México, los espacios públicos inmersivos y los distritos multifuncionales híbridos deben configurarse como anclas comunitarias accesibles para todos.


Cuando conectamos estos proyectos con estrategias de conectividad urbana y usos mixtos, principios fundamentales de certificaciones internacionales como LEED (particularmente en sus enfoques de ubicación, transporte y desarrollo de Barrios) la arquitectura no solo reduce la huella de carbono al mitigar largos desplazamientos, sino que democratiza la experiencia urbana, ofreciendo a los ciudadanos un espacio digno y compartido donde reencontrarse.



La arquitectura tiene el poder de revivir comunidades enteras en el marco del

Cuarto Espacio, pero solo si entendemos que la inmersión debe ser un vehículo para la inclusión y no un pretexto para el desperdicio energético. 


La verdadera innovación para los futuros urbanos compartidos radica en diseñar entornos que requieran menos energía para operar, pero que multipliquen el valor social, demostrando que la sostenibilidad y la cohesión comunitaria son dos caras de la misma moneda.





 
 
 

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